VIVIR SOLO CUESTA VIDA
El pasado 10 de Diciembre se conmemoró el 60º aniversario del Día Internacional de los Derechos Humanos, que en nuestro país se vio expresada en una notable celebración en Plaza de Mayo, donde se calculó una asistencia de unas 120.000 personas que saltaron y cantaron al clamor de una batería de reconocidos artistas musicales nacionales e internacionales; se emocionaron con las lecturas de los diversos escritos que presentaron actores y artistas de renombre; y se conmovieron junto con las proyecciones de los materiales audiovisuales preparados especialmente en alusión a la fecha.
Más allá de los festejos, cabría ahora a nosotros la tarea de reflexionar acerca de lo que ello implica en la coyuntura actual que estamos viviendo. Si bien desde el 2002 podemos apreciar considerables avances cualitativos y cuantitativos respecto de los indicadores socioeconómicos y hechos puntuales en nuestro país, que constituirían una evolución positiva en materia de derechos humanos (reducción de la indigencia, pobreza y desocupación; la no represión de la protesta social por parte del Gobierno Nacional; el juicio a los genocidas de la última dictadura militar, etc.), en las últimas semanas existieron una serie de sucesos que conmocionaron al campo popular y a la opinión pública en su conjunto, y que ponen en crisis este paradigma, teniendo como denominador común al aparato represor del Estado.
Así contamos con el asesinato de Mariano Ferreyra, un militante del Partido Obrero que acompañaba las luchas de los trabajadores tercerizados por su pase a planta, ocasionado por parte de la patota sindical de la Unión Ferroviaria, y que contó con la complicidad tanto de la Policía Federal como de la Bonaerense que se encargaron de liberar la zona, dándole rienda suelta a las balas; la muerte de Roberto López y Sixto Gómez a manos de la Polícia Provincial de Formosa, dos miembros de la comunidad qom que exigían que se les reconozcan sus derechos a la propiedad de la tierra; y finalmente los recientes acontecimientos ocurridos en Villa Soldati, que se llevaron la vida de Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Juan Castañares Quispe, y posiblemente haya un cuarto integrante fallecido que actualmente está investigándose, que lucharon por una vivienda digna y que pudieron haber caído en manos de las fuerzas policiales de la Federal, la Metropolitana o de patotas que responden a ciertos sectores políticos.
Como podemos apreciar, esta lucha por los derechos humanos (trabajo decente, tierras y vivienda digna) fue contrarrestada con decisiones políticas de acción o inacción de las fuerzas de seguridad o esas patotas, y devino en las muertes citadas en el párrafo anterior.
En este marco, y yendo en particular al último acontecimiento, pudimos apreciar que el hecho que causó la toma del Parque Indoamericano fue consecuencia de la falta de una política habitacional efectiva por parte del gobierno porteño, que subejecuta partidas presupuestarias en tal área, invirtiendo solo un 18% de lo estipulado. Esta política de desinversión no llama la atención, y viene de la mano de acciones similares en lo que respecta a la salud, la educación y la cultura.
Por otra parte, no podemos dejar de traer a colación las declaraciones tanto del Jefe de Gabinete de Ministros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Horacio Rodriguez Larreta) como del propio Jefe de Gobierno de la Ciudad (Mauricio Macri) que catalogaron de perverso el régimen actual de migraciones, aduciendo su laxitud, y así culpabilizaron a los inmigrantes de los países hermanos del Mercosur por las tomas, y los acusaron de ser narcotraficantes, oportunistas y mafiosos.
Pero lo que resulta perverso no es el sistema inmigratorio sino lo xenófobo, racista y reaccionario de ese discurso, que discrimina a las comunidades hermanas y no hace más que generar distanciamientos y diferenciaciones entre los habitantes de esta ciudad, generando un caldo de cultivo para que despierte, lamentablemente, este sentido común de un sector de la sociedad; y por otra parte, la falta de políticas públicas que logren resolver las necesidades populares, independientemente de nuestra nacionalidad y condición social, ya que todos somos humanos, y merecemos tener una vida digna.
Pero, ahondando un poco más en la cuestión, las tomas de los terrenos tanto privados como públicos que se desarrollaron no solo en Villa Soldati sino también en otras regiones del conurbano, constituyeron la punta del iceberg de una crisis habitacional en el AMBA que pone al descubierto un entramado de problemas sociales tales como las condiciones sanitarias, educaciones y laborales que parecen los sectores populares en esta región.
Ahora, habiendo cesado la toma del Indoamericano esperamos que se cumplan con los términos del acuerdo, se construyan las viviendas y se urbanicen los barrios que se han prometido. Pero no queremos dejar de recalcar que la intervención del gobierno nacional fue tardía y la ausencia de fuerzas de seguridad preparadas para prevenir los hechos de violencia física que se produjeron no hicieron más que potenciar la espectacularidad del conflicto.
Exigimos entonces el esclarecimiento de todos estos crímenes junto con la condena y separación de su cargo de los responsables materiales e intelectuales, y repudiamos enérgicamente los dichos xenófobos tanto del Jefe de Gabinete Porteño como del propio Jefe de Gobierno Porteño.
En conclusión, este 10 de Diciembre nos muestra que tenemos cosas para festejar, pero que existen otras que nos marcan que nuestro sueño no se ha cumplido, sino que hay que seguir luchando para transformar esta realidad, y poner a las instituciones, sean sindicales, gubernamentales o policiales al servicio del pueblo y no de sus dirigentes o las corporaciones.
El Germen













