
El viernes 14 de mayo se dio cita en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA a un debate sobre la inflación organizada por la Agrupación Universitaria El Germen, la Asociación de Economía para el Desarrollo Argentino (AEDA) y el Plan Fénix titulado “Inflación: ¿Síntoma o Enfermedad?”. Frente a una asistencia de casi 150 personas, mayormente estudiantes universitarios, se escucharon posturas y análisis muy distintos a los que generalmente circulan en los principales medios de comunicación. Los tres destacados economistas que compusieron el panel no dudaron en admitir la enorme importancia de que se discutan estos temas en los ámbitos académicos para poder dar opiniones con fundamentos teóricos. Los tres coincidieron al decir que el modelo de tipo de cambio real competitivo que rige en la Argentina desde 2002 genera presiones inflacionarias por sus propias características.
Por su parte, el economista Esteban Kiper de AEDA afirmó que “un esquema macroeconómico que apunta al crecimiento acelerado, el pleno empleo, la mejora en los ingresos reales y la sostenibilidad externa mediante un tipo de cambio real competitivo genera presiones inflacionarias ya que limita la capacidad de absorber el impacto de los shocks de términos de intercambio sobre la inflación doméstica” Kiper destacó las medidas tomadas para limitar dicho impacto, como la política de retenciones, los subsidios por el lado de los costos y las políticas como el aumento de los salarios nominales, la Asignación Universal por Hijo y el aumento de las jubilaciones por el lado de los ingresos como logros de la actual administración. Kiper mostró que a diferencia del resto de los países de América Latina que optaron por apreciar la moneda nominalmente frente a los shocks inflacionarios, la Argentina prefirió depreciar la moneda para mantener un tipo de cambio competitivo para su sector industrial.
Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein y Asociados, si bien coincidió en que el tipo de cambio real depreciado genera tensiones inflacionarias, planteó sus dudas acerca de poder mantener este esquema con una política fiscal expansiva, a diferencia de Kiper que planteó la necesidad de una política fiscal expansiva para morigerar los impactos de la inflación en los ingresos de la población generados por los shocks externos. Dal Poggetto se diferenció al afirmar “que el gasto crezca por encima de la recaudación no esteriliza el excedente de pesos generado por el sector externo sino que es un factor de expansión monetaria”, lo que alimentaría el proceso inflacionario. Además, remarcó que si bien el tipo de cambio nominal puede continuar apreciándose, el tipo de cambio real terminará ajustando a menos que el gobierno reduzca el nivel de crecimiento del gasto y contenga la aceleración de la puja distributiva.
Por su lado, Ricardo Aronskind, miembro del Plan Fénix, relativizó el problema al recordar que en los últimos sesenta años de historia argentina sólo durante el lapso de nueve años que duró la convertibilidad la inflación se mantuvo totalmente controlada. Aronskind hizo hincapié en el rol que juegan las expectativas al recordar “el papel de los medios de comunicación y ciertos economistas que con lecturas intencionadas de la situación políticas operan sobre el comportamiento de los agentes individuales” retroalimentando el proceso inflacionario. A su vez, señaló cuestiones estructurales al asegurar que ciertos cuellos de botella como el del mercado cárnico generan aceleraciones inflacionarias como las de principio de año porque la oferta no responde a la demanda sino a los ciclos de reproducción. Por último, resaltó que a diferencia de los años noventa donde el mercado laboral fue destruido y se aplicaron políticas de flexibilización, el aumento del poder de negociación de los sindicatos durante los últimos años debido al aumento del empleo y la reapertura de las paritarias generó una puja distributiva con el sector empresarial que también genera presiones inflacionarias.
Hay que agregar que los tres economistas no dudaron en responsabilizar el gobierno por la sensación de incertidumbre y el aumento de las expectativas inflacionarias que genera la falta de estadísticas confiables merced a la intervención del INDEC.
Para concluir, si bien los panelistas expusieron distintos enfoques sobre el proceso inflacionario, afirmaron que la aceleración causada por problemas en el mercado de carnes a principio de año se redujo considerablemente y no dudaron en alejar los fantasmas de una escalada de precios incontrolable en el mediano plazo.













