30.000 motivos para seguir luchando
La Argentina de marzo de 2011 tiene un protagónico común con la trágica Argentina de 1976, son los hombres y mujeres jóvenes que quieren construir una sociedad más justa y con equidad.
La enorme distancia que nos separa hoy de aquella época en marzo de 1976 del golpe de estado cívico militar, es que se inauguraba el fin del estado bienestar decretado por el poder económico concentrado y las violaciones más aberrantes de los derechos humanos.
El terror y la locura de muerte y tortura del proceso militar hoy sabemos que fue posible por las complicidades de poderes civiles que a la sombra iban modificando la matriz distributiva en Argentina que hasta ese momento permitía una importante participación de la clase trabajadora.
La lucha inclaudicable de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, acompañadas por los organismos de derechos humanos mantuvieron alta la llama de la Memoria y el reclamo de Verdad y justicia; fueron abriendo ventanas, habilitando debates, haciendo conciencia, inhabilitando la impunidad de la obediencia debida y del punto final que cedió a los militares Alfonsín; y condenando el indulto a los genocidas que otorgó Menem. Resistencia en los años 80 contra los incrédulos de la dictadura, resistencia de los años 90 contra una sociedad que daba la espalda y parecía convalidar la venta del país por parte del inescrupuloso menemato.
La pérdida de derechos que el pueblo argentino había conquistado en largas y memorables gesta a lo largo de décadas, parecía no tener fin; el cambio cultural de una sociedad solidaria y combativa, luego de última dictadura y del gobierno de Menem, a una sociedad individualista y pasiva parecía definitivo.
Pero el faro de madres y abuelas, y de todos los luchadores y luchadoras populares que a lo largo y ancho del país resistieron a la entrega del patrimonio nacional y del hambre para el pueblo, que organizaron alternativas al discurso del fin de la historia, fue la patria esperando a una nueva generación que revirtiera tanta injusticia.
En el año 2003 la espera histórica empezó a finalizar y por primera vez desde la recuperación de la democracia un presidente elegido por el voto popular entendía que los derechos humanos y la memoria de un pueblo son innegociable, que el clamor por justicia y restitución de nietos y nietas cautivos de los represores debía ser escuchado con políticas de estado de juicio y castigo a los culpables. De la mano de Néstor Kirchner primero y con la continuación de Cristina Fernández, esto se plasmó en la anulación de las leyes infames y del indulto a los represores, la nueva corte suprema de justicia, la orden de bajar el cuadro del genocida Videla, el inicio de los juicios a los represores militares y civiles y las condenas ejemplificadoras de delitos de lesa humanidad, la política de estado de memoria y derechos humanos, la centralidad de Madres, Abuelas e Hijos en la construcción del relato histórico de esta nueva Argentina y el protagonismo de los Jóvenes para luchar contra la pobreza que fortalece las esperanzas de futuro con dignidad, justicia y plena vigencia de los derechos humanos para todos y todas. Sin embargo, es mucho lo que falta reparar en este camino, sucesos como el asesinato de Mariano Ferreyra, los casos de gatillo fácil, las pésimas condiciones humanitarias en cárceles con torturas y hacinamiento, la represión de Insfrán en Formosa, los acontecimientos del Parque Indoamericano y la desaparición en democracia de Julio López sirven de muestra. Avanzar en en estas cuestiones no se logrará solo con la acción del Poder Ejecutivo, sino que es necesario poner la atención en lo putrefacto del Poder Judicial.
30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES
JUICIO Y CASTIGO A LOS CÓMPLICES E IDEÓLOGOS CIVILES
RESTITUCIÓN DE LA IDENTIDAD DE LOS JÓVENES APROPIADOS
APARICIÓN CON VIDA DE JORGE JULIO LÓPEZ ¡YA!













