Salió la Plan H Número 9!

http://www.elgermen.com.ar/wordpress/wp-content/uploads/Salió-el-último-número-de-la-Plan-H-copy.jpg

Plan[h] es un proyecto pensado desde El Germen para crear lazos de comunicación entre quienes, como nosotros, creen tener algo para decir como miembros de la FCE. En este mail te adelantamos la Editorial y algunos de los contenidos de este noveno número de la revista que en los próximos días podrás conseguir en tu curso.

Plan[h] N° 9

- Editorial

- Licenciatura en Economía: “Concurso de Preguntas ¿Qué Carrera Tenemos?

- Entrevista a Ha Joon Chang

- Entrevista a T. Palley

- Centros de Investigación de la FCE-UBA: “Veinte Botellas de Viaje Marino”

- Materias Optativas HPE II: entrevistas a Rodrigo López y Norbeto Crovetto (PEA) y a Pablo Levín.

- Ley de Radiodifusión: “Realidad en Venta”

- Nacimiento de AEDA (Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina)

Editorial

En el último tiempo, tanto a nivel nacional como regional notamos un eminente avance de la derecha, que esperaba agazapada poder volver a dar el zarpazo. Con los sucesos que nos acompañaron estos meses, no podemos negar que la derecha se está reconstituyendo e intentando volver a gobernar: el golpe de Estado en Honduras, los sucesivos intentos destituyentes contra Evo Morales y la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia son algunas manifestaciones de esta avanzada en la región.

En la Argentina podemos ver este mismo proceso en los resultados de las últimas elecciones legislativas: aquellos personajes nefastos, que nos retrotraen a lo peor de los 70’ y 90’, han renacido de sus cenizas y cuentan con el apoyo de una porción no menor de la sociedad de la que formamos parte. Esta situación es mucho más visible en los resultados obtenidos en las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, donde el discurso vacío del PRO logró imponerse en los comicios. Analizando su  gestión observamos una combinación explosiva de ineficiencia y de una política represiva creciente: subejecución del presupuesto, escuelas sin gas, hospitales sin insumos, aumentos de sueldos para Mauricio y su gabinete, desalojos violentos, persecución política y designación del “Fino” Palacios como Jefe de la Policía Porteña (abierto defensor de dictadura y con extenso prontuario), entre otras.

Este proceso no es ajeno a la historia reciente del país. Si miramos los últimos 30 años, existieron acciones destinadas a esfumar la densidad nacional, y estas no sólo fueron las políticas económicas dirigidas a quebrar la sociedad, sino que además se creó un discurso que contaminó el sentido común de la mayoría y que reza que la política es solo un ámbito oscuro del cual nada puede resultar provechoso. Las prácticas políticas de los partidos, tanto de izquierda como de derecha fueron la demostración de lo anterior. Lo único que hicieron en estos tiempos fue repeler a todos aquellos interesados en cambiar las cosas, aunque sea desde una mínima posición. De parte de la izquierda, porque su incapacidad de ver la realidad más allá de los dogmas partidarios hace que sus propuestas no pasen de meras reivindicaciones, puesto que su construcción excluye antes que incluir en tanto no aceptan diferencias de pensamiento. De allí su incapacidad para lograr siquiera un 1% en las elecciones nacionales. Por parte de la derecha, es su necesidad de mantener el status quo lo que hace que utilicen la frivolidad y la apatía como silenciosas herramientas y, de esta manera,  evitar cualquier tipo de discusión en torno a que país queremos. Este proceso de banalización de la política fue acompañado por la acelerada degradación de los dos partidos mayoritarios que conforman el sistema político argentino, el PJ y la UCR ¿podría alguien acaso identificar seriamente al menemismo con el legado de Perón, o a De la Rúa y el Coti Nosiglia con la tradición de Yrigoyen? La fuerte putrefacción de estos espacios de construcción política constituye, sin dudas, el problema más grave del sistema político argentino, y su superación se impone como un desafío urgente. Más aún cuando estas estructuras desprovistas de ideología y desbordantes de pragmatismo son copadas cada vez más por los mismos sectores que defendieron las políticas de la dictadura y del menemismo.

Al ver semejante repunte de la derecha, creemos más que necesario organizarnos y dar la lucha en el plano de las ideas y de la acción. A diario vemos cómo la derecha utiliza los medios de comunicación y los espacios de debate para farandulizar la discusión, vaciarla  de contenido y centrarla en chicanas y comentarios poco constructivos, pero bien es sabido que detrás de esto se esconde un modelo de país y sociedad que dista de ser aquella a la cual aspiramos. Es por esto que creemos imprescindible que nosotros, desde nuestro lugar como estudiantes de la UBA, y junto con docentes y graduados, reflexionemos sobre nuestra realidad y salgamos a dar el debate de ideas, participando de las decisiones que lleven a la transformación social aportando desde nuestra especificidad. Una Universidad en el centro de la escena social; un espacio de reflexión y de creación. Muchas veces se aleja a esta institución de su responsabilidad con la excusa de que “la Universidad es autónoma”, sin percatarse que autonomía no significa autismo, ni mucho menos la negación de su razón de ser, que no es otra que contribuir al desarrollo del país.

Pero no sólo en el debate de las ideas se da la lucha, porque las ideas sólo cambian las cosas cuando existen actores de carne y hueso que encarnan esas ideas y las llevan a la práctica. Por eso la necesidad de militar, de aportar a una construcción que logre incorporar sectores cada vez más amplios de la sociedad en un proyecto compartido, que además de ganar elecciones defienda ideas, y que dichas ideas sean las adecuadas para lograr desarrollar al país, incluyendo a los sectores populares y a los sectores medios en un proyecto común de desarrollo.

Ahora bien, no podemos desconocer que en este afán de apropiarnos de nuestro devenir hay otro actor fundamental, el Estado. El Estado y la Universidad pública deben trabajar en conjunto, articulando las políticas necesarias para lograr una sociedad más justa. El uno aportando desde el plano de las ideas, el otro desde la implementación y la gestión. Pero como bien sabemos, el Estado sólo puede ser el motor de un proyecto de desarrollo nacional en la medida en que las riendas del mismo sean manejadas por quienes quieren impulsar un proyecto de este tipo; alcanza con ver la gestión de Macri para recordar que el Estado, al igual que en 1976, puede también ser motor del subdesarrollo y del crecimiento de la pobreza y la exclusión. Es por esto que la mera discusión no alcanza, y que la práctica se torna fundamental para lograr que las cosas efectivamente cambien.

Es en base a pensar qué país queremos que no podemos obviar que para alcanzar dicha visión hace falta alguien que motorice, impulse ese modelo. Para nosotros esto no se puede llevar a cabo sin una reforma del Estado argentino, ya que sin un Estado fuerte, que posea instituciones sólidas y creíbles no es posible conducir al país hacia dicho camino. El Estado debe ser la herramienta para alcanzar dichas metas, ya que sin la planificación y conducción de la economía será muy difícil garantizar que los gobiernos de turno, los cuales duran cuatro años u ocho si son reelectos, puedan pensar más allá de su gestión y dejar un programa de desarrollo que siga vigente aún cuando ellos no gobiernen. Claramente el único con la potestad de llevar a cabo dicha hazaña es el Estado Argentino. Es por ello que remarcamos la necesidad de reconstruirlo, no solo como medio para alcanzar dichos fines sino también como eje articulador de las distintas necesidades de la sociedad, porque es el Estado el único con la capacidad de aglutinarlas e impulsar las medidas necesarias para alcanzar una sociedad más justa e equitativa.

Por todo esto, para nosotros la discusión no solo debe girar en torno a si  la distribución del ingreso es más o menos progresiva o si el campo debe o no pagar retenciones. La discusión debe centrarse en un proyecto de país que incluya entre sus líneas dichas temáticas pero en un marco más amplio y superador. Y la discusión debe ir acompañada de compromiso militante, porque las ideas sólo cambian la realidad cuando son llevadas a la práctica. Por eso la militancia, por eso la necesidad de identificar otros actores que piensen como nosotros, para construir una alternativa a los partidos tradicionales y a la izquierda realmente existente. Si no nos sentamos a pensar y nos ocupamos de elaborar un proyecto que trascienda las líneas de debate que vemos hoy tanto en los medios de comunicación como en los espacios de discusión académica, no podremos impulsar el cambio real y profundo.

Dada esta situación, es primordial discutir y lograr consensos amplios respecto de hacia dónde debe orientarse y profundizarse el modelo de desarrollo argentino. Si hay algo de lo que no tenemos dudas es que mientras la estructura productiva argentina se centre en sectores primarios por sobre los industriales el desarrollo económico, político y social será cada vez más lejano y solo estaremos construyendo un sociedad más fragmentada, donde un porcentaje cada vez menor de la población concentra la mayor parte de los ingresos, mientras la mayoría no tiene para vivir. Un cambio tan profundo como cambiar el perfil productivo de un país no es posible llevar adelante de la noche a la mañana; todo lo contrario, es un proceso que llevará tiempo y que deberá ir acompañado de otros cambios como ser modificaciones en el sistema educativo, científico, tecnológico, en la seguridad social… Nuestro actual modelo de acumulación es herencia de la etapa más nefasta que vivió la Argentina, la dictadura militar de 1976. Nosotros creemos que para impulsar la industrialización como herramienta de desarrollo e independencia económica, que implique no solo la prosperidad para la región pampeana sino para el desarrollo del país en su conjunto, es imprescindible cambiar el eje del modelo de acumulación, impulsando la demanda de los sectores populares y medios como motor de la economía.

Hacemos hincapié en la industrialización porque no existe país alguno que haya logrado desarrollarse en base al sector primario. Las industrias son la mayor fuente de riqueza que un país puede tener. No por esto desconocemos las características y ventajas que la Argentina posee en lo que respecta a la producción primaria, pero el motor de la economía no puede ser un sector incapaz de generar suficiente empleo y cuya prosperidad esté ligada a las fluctuaciones internacionales de los precios. Debemos tener sectores productivos que no dependan del humor de los mercados internacionales. Es por ello que la industria no solo nos brinda suficientes puestos de trabajo, sino estabilidad económica y posibilidades de acumulación que permiten un crecimiento sostenido de las condiciones de vida de los trabajadores.

A su vez, no dejamos ver la realidad de nuestro pueblo, que hoy en día cuenta con una porción importante de pobres y se encuentra inserto en un mercado de trabajo cuyo grado de informalidad es escandaloso. Si queremos modificar este patrón de distribución del ingreso no podemos solamente esperar que los planes o políticas sociales se ocupen solos de este sector de la sociedad. Es necesario delinear un plan de desarrollo que contenga dichas problemáticas y que las mismas sean tratadas como un todo y no por separado, como si nada tuviera que ver el proceso de desindustrialización que sufrió el país con el aumento de la pobreza y la precarización laboral.

Nos proponemos alcanzar las metas mencionadas porque creemos que es la única forma de alcanzar una sociedad justa e equitativa. Pero para que ello ocurra no basta con un Estado fuerte que intervenga en la economía, sino que debe ir acompañado de un proyecto de país el cual debe ser apoyado por la sociedad en su conjunto, a través de un actor colectivo que sea capaz de expresar dicha voluntad de cambio. No somos inocentes, por lo que no desconocemos que dichas transformaciones claramente generar conflictos de intereses. Pero de eso se trata la democracia, de la resolución pacífica de los intereses contrapuestos a través de la construcción de mayorías.

Sin una transformación de fondo que cambie las reglas de juego de nuestra realidad, difícilmente podamos modificarla. Es por ello, que te invitamos a pensar juntos cómo colaborar para que este camino sea posible, y a participar llevando adelante estas ideas.